Estudios Masónicos
Primer Grado • Aprendiz Masón

El Pavimento de Mosaico

Volver a EstudiosCÁMARA DE INSTRUCCIÓN
Descubre el Pavimento de Mosaico masónico: el emblemático suelo ajedrezado blanco y negro que simboliza la eterna dualidad del bien y el mal, y la diversidad humana.

El Pavimento de Mosaico, colocado con primoroso esmero en el centro de nuestras logias, constituye uno de los símbolos más antiguos y elocuentes del arte real, pues su disposición ajedrezada de cuadros blancos y negros no responde al mero ornamento, sino a una lección silenciosa que el maestro de la obra extiende a la mirada del iniciado. Sobre esa superficie que pisan los hermanos en sus ceremonias, se representa el orden mismo de la creación y la íntima relación que guardan los opuestos dentro del equilibrio universal. Cada loseta, rigurosamente labrada y ajustada a su compañera, recuerda que la verdad se construye piedra a piedra, junta a junta, mediante la unión de elementos que sólo adquieren sentido cuando el ojo del artifice los contempla en su conjunto armonioso.

Pero la razón principal de esta enseña se cifra en la dualidad que late en el corazón de toda existencia: el bien y el mal, la luz y la sombra, el día y la noche, el placer y el dolor, la dicha y el duelo. El cuadro blanco simboliza la pureza de intención, la rectitud de conciencia y el cumplimiento del deber, mientras que el cuadro negro advierte sobre las flaquezas humanas, las pasiones desordenadas y los juicios precipitados que oscurecen el entendimiento. Estos dos principios no se enfrentan como enemigos irreconciliables, sino que, como enseña la más antigua tradición filosófica, se complementan y se requieren mutuamente, pues sin la experiencia del contraste el hombre no podría discernir la virtud ni apreciar la hermosura de la justicia que el Gran Arquitecto del Universo ha depositado en su pecho.

En consecuencia, el Pavimento de Mosaico es también una advertencia y un compromiso: nos enseña que en el taller del mundo, al igual que en el taller de la logia, cada hermano es una pieza distinta, con talentos, naciones, lenguas y caminos diferentes, y que la dignidad de la orden consiste precisamente en reconocer esa diversidad sin pretender uniformar las conciencias ni abolir las diferencias legítimas. Caminar sobre estos cuadros con paso firme y reflexivo es aprender a transitar por la vida con prudencia, midiendo cada acción y cada palabra antes de posar el pie, sabiendo que toda elección moral nos sitúa sobre el blanco o sobre el negro, y que sólo mediante la constante vigilancia de nosotros mismos lograremos mantener el equilibrio entre los extremos, para que el edificio interior de nuestra alma permanezca estable, hermoso y digno de la veneración de las generaciones venideras.