Estudios Masónicos
Primer Grado • Aprendiz Masón

El Oriente, Occidente y Sur

Volver a EstudiosCÁMARA DE INSTRUCCIÓN
El Oriente, el Sur y el Occidente trazan el recorrido solar que preside el día masónico en la Logia. El Venerable y los Vigilantes gobiernan esta jornada simbólica guiando a los hermanos hacia la luz eterna.

Desde el antiguo solar de Oriente, donde la luz nace y de donde se derrama toda claridad iniciática, el Venerable Maestro gobierna la tenida presidiendo con la majestad serena del astro que asciende y culmina; sentado en su trono bajo la luz meridiana de la sabiduría, representa el punto de origen del cual todo emana, y su palabra, elevada y pausada, es el sol que orienta a la Logia, fija el meridiano del trabajo y traza, con exactitud simbólica, las horas del día masónico, cuya jornada sólo comienza cuando él declara abiertas las labores. En este orden, Oriente no es un punto geográfico cualquiera, sino el manantial intelectual de la Orden, donde la razón brilla en plenitud, donde se custodia el Libro de la Ley y donde todo adepto vuelve los ojos para recibir la instrucción, el consejo y la luz que han de guiar sus pasos por el resto del ceremonial.

Hacia el Occidente se sitúa el Primer Vigilante, cuyo sitial corresponde al sol en su ocaso, instante en que las sombras se alargan y la jornada declina hacia su reposo; a él compete gobernar el trabajo de los aprendices y compañeros cuando el Maestro se retira del Oriente simbólico, cerrar la columna que conduce al atardecer del día masónico y preparar, con prudente vigilancia, el momento de la clausura, manteniéndose firme para que ningún perturbador profane la paz del Taller. Al Mediodía austral, en cambio, reina el Segundo Vigilante, colocado bajo el signo del astro en su cenit, es decir, en la cúspide del calor y de la luz meridiana; su obligación excelsa consiste en procurar a los obreros el oportuno refrigerio, así como vigilar el mediodía de las tareas que, por su intensidad y prolongada fatiga, demandan tregua, fortaleza renovada y aquella prudencia que enseña al masón a distinguir entre el trabajo fecundo y el exceso estéril, ordenando con templanza el ritmo de las columnas del Mediodía y del Septentrión.

Esta distribución solar, sábida y venerable, no es mera figura geométrica sino lección filosófica de gobierno y armonía: enseña que toda comunidad bien ordenada requiere un centro luminoso que irradie, un vigilante del poniente que cuide el término de la jornada y un custodio del mediodía que administre las fuerzas con equidad; enseña, además, que el día masónico no es un tiempo arbitrario sino un ciclo de labor, reposo y renovación, regido por tres luminares subordinados al mismo sol de verdad que brilla en Oriente, de donde dimana toda autoridad legítima. Así, cuando el Maestro vela desde su sitial, cuando el Primer Vigilante sostiene el trabajo desde el poniente y cuando el Segundo Vigilante templa el ardor del mediodía, la Logia entera vive la imagen perfecta de un universo jerarquizado por la luz, en el cual cada piedra encuentra su hora, cada columna su carga y cada hombre su destino bajo la regla invariable de la razón, de la fuerza y de la belleza distribuidas con sabiduría eterna.