Historia del Taller
RITO SIMBÓLICOEn la antigua y venerable ciudad de Chiapa de Corzo, cuna de la civilización chiapaneca y guardiana de tradiciones que enlazan el México prehispánico con el devenir republicano, la Masonería encontró un terreno fértil donde cultivar los ideales de fraternidad, tolerancia y progreso que distinguen a la augusta Orden. En este solar cargado de historia, donde aún resuenan los pasos de los antiguos moradores y la solemnidad de sus fiestas patronales, vio la luz la Logia Victorico R. Grajales No. 10, digna institución que rinde permanente homenaje a la memoria del distinguido chiapaneco Victórico R. Grajales, quien como gobernador del estado de 1932 a 1936 dejó una huella indeleble en la vida pública y social de Chiapas. Bajo la advocación de tan esclarecido varón, la Logia ha proseguido su cometido de cultivar la virtud, el saber y la armonía entre sus miembros, erigiéndose como un faro de iniciación masónica al servicio de la comunidad chiapaneca. Así, entre el rumor del río Grijalva y la memoria eterna de quienes forjaron la grandeza de esta tierra, la Victorico R. Grajales No. 10 continúa escribiendo, con solemnidad y convicción, las páginas de su propia historia.
Sobre la vieja ribera del río Grijalva, donde la piedra antigua de Chiapa de Corzo custodia la memoria de los siglos, fue constituida a principios del siglo XX la Respetable Logia "Victorico R. Grajales No. 10", heredera del espíritu liberal que animó a los próceres chiapanecos. Sus fundadores, artesanos, comerciantes y hombres de letras, congregaron el taller bajo la advocación del maestro Victorico R. Grajales, figura emblemática del pensamiento progresista regional, con el propósito de cultivar la fraternidad, el estudio filosófico y el perfeccionamiento moral de sus miembros, en una época en que las sociedades secretas eran faros discretos de modernidad frente a un poder clerical todavía muy presente.
Desde su establecimiento, la logia asumió un papel cívico de primer orden en la vida de Chiapa de Corzo. Instalada en la orilla del Grijalva, sirvió como punto de encuentro para quienes soñaban con una comunidad más justa, ilustrada y abierta al comercio de las ideas. Sus integrantes promovieron la construcción de caminos, el saneamiento de las riberas, la organización de fiestas patrias y el socorro de los desvalidos, tejiendo así una red de solidaridad que articuló a los barrios ribereños y dio aliento a la pequeña pero vibrante urbe colonial.
La causa que más distinguió a "Victorico R. Grajales No. 10" fue la defensa tenaz de la educación laica y gratuita. En un estado donde la pugna entre el dogmatismo religioso y el librepensamiento marcaba la agenda pública, los hermanos de la logia costearon escuelas, fundaron bibliotecas populares y respaldaron la creación de instituciones donde la razón, y no el dogma, rigiera la formación de las nuevas generaciones chiapanecas. Su legado permanece vivo en cada página leída a la sombra de los laureles, en cada lección impartida sin más altar que la verdad, y en la convicción de que el pensamiento libre es el cimiento irreductible de toda república digna.

Victórico R. Grajales Reynosa

Victórico R. Grajales nació en Chiapa de Corzo en 1885, en el seno de una familia que pronto lo vincularía a las corrientes liberales que entonces conmovían a la entidad chiapaneca. Desde joven abrazó la causa constitucionalista y se alistó bajo las órdenes de Venustiano Carranza, llegando a alcanzar el grado de coronel durante los años más complejos de la Revolución Mexicana. Su participación en el movimiento armado no se redujo al frente de batalla, pues desde muy temprano mostró una inclinación por la organización civil y por la aplicación de los principios del liberalismo mexicano, lo que lo convertiría más adelante en una de las figuras más representativas del carrancismo en Chiapas y en un referente obligado para entender la transformación institucional de aquella entidad durante la segunda década del siglo XX.
Como gobernador, Grajales desplegó una intensa labor cívica orientada a modernizar la administración pública y a consolidar la presencia del Estado en regiones que hasta entonces permanecían al margen de los proyectos nacionales. Impulsó obras de infraestructura carretera, la mejora de caminos vecinales y la construcción de edificios públicos destinados a albergar oficinas gubernamentales y planteles escolares, convencido de que el progreso material era condición indispensable para el adelanto moral de los pueblos. Promovió además la organización de juntas de mejoras cívicas y alentó la participación de los vecinos en las decisiones de sus comunidades, dentro de un espíritu de servicio público que buscaba formar ciudadanías responsables frente a los asuntos colectivos, en consonancia con los ideales racionalistas que profesaba.
Su huella más profunda se encuentra, sin embargo, en el ámbito educativo, donde alentó decididamente la educación racionalista y la consolidación de las escuelas normales como instrumentos para formar a las nuevas generaciones de maestros chiapanecos. Bajo su impulso se fortalecieron instituciones dedicadas a la preparación pedagógica, concebidas no solo como centros de transmisión de conocimientos, sino como espacios de formación laica donde se cultivaran el pensamiento crítico, el amor al trabajo y la tolerancia, valores que armonizaban plenamente con su filiación a la masonería y con su convicción de que la instrucción pública debía sustraerse a toda injerencia dogmática. Esta orientación, aunada a su firme defensa del Estado laico, le granjeó tanto admiradores devotos entre los sectores liberales y las logias chiapanecas como enconados adversarios entre quienes veían en su proyecto una amenaza a los ordenamientos tradicionales, configurando así la figura de un hombre de profundas convicciones, aplaudido por unos y discutido por otros, pero siempre respetado por la coherencia con que sostuvo sus ideales a lo largo de su vida pública.
Calle Capitán Vicente López #75, Colonia San Miguel, CP 29160, Chiapa de Corzo, Chiapas