Resp.·. Log.·. Simb.·. "Dr. Belisario Domínguez" No. 15
Oriente de Cacahoatán • Logia No. 15

Resp.·. Log.·. Simb.·. "Dr. Belisario Domínguez" No. 15

Custodia de la libre expresión bajo la sombra del volcán Tacaná.

Historia del Taller

RITO SIMBÓLICO

En el corazón del Soconusco chiapaneco, la Logia Dr. Belisario Domínguez No. 15 de Cacahoatán se yergue como un faro de fraternidad y reflexión, evocando la memoria del ilustre senador comiteco que ofrendó su vida en defensa de la palabra libre. Su nombre constituye un homenaje permanente al médico, político y tribuno que en 1913 alzó su voz en la tribuna del Senado de la República para denunciar la usurpación y la tiranía, sellando con su sangre el precio insobornable de la verdad. Tomando como ejemplo aquella dignidad inquebrantable, los hermanos de esta augusta logia cultivan los ideales de tolerancia, razón y justicia que permiten a cada ser humano expresarse sin temor ni cortapisas. De este modo, la venerable institución se constituye en custodio de un legado que trasciende las paredes del taller: el de una libertad de expresión considerada patrimonio irrenovable de la conciencia humana.

En el corazón palpitante del Soconusco, donde la tierra cafetalera se entrelaza con las nieblas del volcán Tacaná y los rumores ancestrales de la frontera con Guatemala, la Logia Belisario Domínguez No. 15 de Cacahoatán constituye un testimonio luminoso de la vitalidad masónica en el sur de México. Erigida bajo la advocación del mártir chiapaneco cuyo sacrificio en 1913 selló su defensa irrevocable de la legalidad y la democracia, esta augusta fraternidad encontró en las fértiles laderas del Soconusco un terreno propicio para cultivar los ideales de tolerancia, trabajo y perfeccionamiento humano. Su fundación respondió al anhelo de los hombres de pensamiento libre que, en aquel rincón de la República, buscaban un ágora donde discutir los destinos de la comunidad sin las ataduras del dogma y la intolerancia. La logia se convirtió así en heredera espiritual de aquella corriente liberal que durante el siglo XIX había transformado la conciencia mexicana, y su nombre evocaba permanentemente el ejemplo de un ciudadano que prefirió la muerte antes que la claudicación de sus principios.

A lo largo de las décadas, la Belisario Domínguez No. 15 desplegó una influencia serena pero persistente en la vida cultural, educativa y cívica del Soconusco chiapaneco, una región históricamente cruzada por corrientes migratorias, intercambios comerciales y tensiones fronterizas que hacían de la reflexión filosófica una necesidad vital. Sus miembros, frecuentemente vinculados a las actividades cafetaleras, al magisterio y al comercio local, asumieron el compromiso de irradiar los principios masónicos hacia las comunidades vecinas de Tapachula, Unión Juárez y la propia línea divisoria con Centroamérica, promoviendo conferencias, bibliotecas circulantes y obras de beneficencia que mitigaban las carencias de una zona por largo tiempo marginada de los grandes circuitos culturales del país. La logia se distinguió por mantener encendida la antorcha del librepensamiento frente a los poderes terrenales, recordando permanentemente que la masonería no es sino una escuela de moral universal donde el ser humano aprende a servirse a sí mismo para servir mejor a la humanidad. En aquel contexto de frontera, donde las identidades se cruzan y las lenguas se entrelazan, la tenencia se erigió como un espacio de diálogo cosmopolita donde cabían las distintas voces del Chiapas profundo.

Fue sin embargo durante las décadas de los años sesenta y setenta del siglo pasado cuando la Logia Belisario Domínguez No. 15 alcanzó una dimensión verdaderamente vanguardista que la colocó a la altura de las grandes avanzadas del pensamiento progresista en México. Con una sensibilidad poco común para su tiempo y su entorno, la venerable tenencia asumió el patronazgo de las primeras agrupaciones juveniles masónicas de la región, formando Triángulos y logias infantiles donde niños y adolescentes de Cacahoatán y municipios circunvecinos recibían instrucción sobre los valores de la fraternidad, la equidad y el respeto irrestricto a la dignidad humana. Pero acaso su contribución más trascendente y audaz fue la apertura decidida a la participación de la mujer en los ideales de libre pensamiento, en una época y una frontera donde aún pesaban sobremanera los convencionalismos sociales y las estructuras patriarcales tradicionales. Las hermanas de la orden encontraron en el taller cahuateco un refugio luminoso donde ejercer su derecho a la reflexión filosófica, al estudio de las ciencias morales y a la participación activa en las obras de la comunidad, sentando un precedente que habría de fructificar décadas después en la consolidación de la masonería mixta y femenina en el sur del país. Así, en el murmullo perpetuo del río Suchiate y bajo la atenta mirada del Tacaná, la Belisario Domínguez No. 15 escribió una de las páginas más nobles y avanzadas del masonismo chiapaneco, recordando que el progreso verdadero comienza siempre por la educación del espíritu y la dignificación de cada ser humano.

Oriente de Cacahoatán
Inspiración Filosófica

Dr. Belisario Domínguez Palencia

Dr. Belisario Domínguez Palencia

Nacido el veinticinco de enero de mil ochocientos sesenta y tres en la ilustre ciudad de Comitán de Domínguez, en el estado de Chiapas, Belisario Domínguez Palmeros fue el vástago de una familia arraigada en las tradiciones liberales y humanistas del sureste mexicano. Cursó sus primeros estudios en su tierra natal y, impulsado por una vocación temprana hacia la medicina, se trasladó a la Ciudad de México para ingresar en la Escuela Nacional de Medicina, donde obtuvo su título profesional, llegando a especializarse en obstetricia y ginecología. De regreso en Comitán, ejerció la profesión con entrega generosa, fundando en mil ochocientos noventa y tres el Hospital San Vicente de Paúl, institución destinada a socorrer a los desamparados y a los sectores más humildes, a quienes atendía con frecuencia sin retribución alguna. Filántropo cabal, hombre de letras y de causas sociales, fue también un ciudadano comprometido con los ideales republicanos y democráticos que habían fraguado su formación. En el seno de la masonería chiapaneca, iniciado en la simbólica Logia Luz y Progreso número mil seiscientos cuarenta y dos, encontró un espacio de perfeccionamiento moral donde cultivó los principios de fraternidad, tolerancia y servicio a la humanidad que habrían de distinguir toda su existencia pública y privada.

El curso de la Revolución mexicana y, sobre todo, el golpe de Estado encabezado por Victoriano Huerta contra el gobierno legítimo del presidente Francisco I. Madero, conmovieron profundamente al médico comiteco, quien por entonces había sido electo senador de la República por su entidad federativa. Al instalarse de nuevo la Cámara de Senadores, Domínguez preparó un discurso destinado a ser pronunciado el primero de octubre de mil novecientos trece, en el que con palabras enérgicas y documentadas denunciaba la traición huertista, la decena trágica, el asesinato del presidente Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez, así como la complicidad vergonzante de quienes, investidos de autoridad, callaban ante el crimen. Lejos de amedrentarse, aquel hombre maduro, acostumbrado a velar la vida de otros en los umbrales de la muerte, subió a la tribuna y arrojó sobre los usurpadores la acusación inapelable de su conciencia; sin embargo, fuerzas oficiales y aliados del régimen intentaron acallarlo, lo que incrementó su resolución. En su célebre pieza oratoria sostuvo que la usurpación no era sino un crimen de lesa patria y que los senadores tenían el deber inexcusable de arrojar de sí toda conciliación con los verdugos de la República, dejando escrita una de las páginas más luminosas de la oratoria parlamentaria mexicana.

La osadía de Belisario Domínguez no quedaría impune. Ordenada su captura por el régimen huertista, fue detenido el siete de octubre de mil novecientos trece y, en el trayecto que habría de conducirlo a una prisión o al destierro, fue asesinado por agentes del poder; su cuerpo permaneció oculto durante semanas y apareció finalmente mutilado en las cercanías de Tlalpan, en la Ciudad de México, el día siete de noviembre del mismo año, según algunas versiones, mientras otras señalan fechas próximas. La conmocción nacional que provocó el martirio del senador chiapaneco fue inmensa: el pueblo mexicano reconoció en él al ciudadano íntegro que había preferido la muerte antes que la complicidad con el tirano, y por ello la Cámara de Diputados, en sesión solemne celebrada el veintidós de noviembre de mil novecientos catorce, lo declaró Benemérito de la Patria, distinción que su memoria ostenta con justicia inmarchitable. Para la masonería mexicana, y particularmente para la del oriente chiapaneco, su figura encarna el más alto paradigma del deber cívico profesado en los templos: el hombre que, formado en los talleres de la fraternidad, llevó a la vida pública la valentía del iniciado, la fortaleza ante la tiranía y la obediencia irrestricta al dictamen de la conciencia. El sacrificio del doctor Belisario Domínguez pervive así como ejemplo supremo de que la libertad de un pueblo se sostiene, en sus horas más oscuras, con la voz serena y firme de los hombres dispuestos a dar la vida por la dignidad de la República.

Ubicación del Templo

5a. Avenida Norte Oriente, Barrio de Candelaria, CP 30890, Cacahoatán, Chiapas

A.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.
Regularidad y Fraternidad Universal