Historia del Taller
RITO SIMBÓLICOEn la estratégica costa del Pacífico chiapaneco, la Respetable Logia "Ángel Albino Corzo" No. 77 de Arriaga se erige como un venerable custodio de la tradición masónica liberal que signó el destino de México durante el siglo XIX. Su augusto nombre evoca con justificada veneración la memoria del insigne prócer chiapaneco, férreo defensor de las Leyes de Reforma y preclaro artífice de la separación entre el poder civil y el poder eclesiástico en esta entidad. Desde este Taller, enclavado en el cálido sur de la República, se han irradiado los principios inmarcesibles del republicanismo laico, la soberanía popular y la búsqueda constante del progreso moral y material entre los hombres libres de esta comarca. De este modo, la simbólica de su tenida se hermana con el espíritu transformador que recorrió los pueblos costeños, llevando a la praxis cotidiana los ideales juaristas de redención social, justicia y respeto irrestricto a la ley.
La «Ángel Albino Corzo» No. 77, con sede en la Avenida Central Norte de Arriaga, Chiapas, constituye un capítulo esencial de la tradición masónica regional. Erigida bajo los auspicios de la Gran Logia Regular del estado, esta logia simbólica surgió durante el período en que la masonería liberal florecía en el Istmo chiapaneco como heredera de los ideales reformistas. Su denominación honra la memoria del General Ángel Albino Corzo (1816-1879), destacado militar y gobernante chiapaneco, firme defensor de las causas liberales y convencido masón del Rito Nacional Mexicano, cuya figura encarna los principios de progreso, justicia y razón que guían a la orden. A lo largo de su trayectoria, esta venerable institución ha congregado a comerciantes, educadores, profesionales y ciudadanos notables de Arriaga, población históricamente estratégica como nodo ferroviario entre el Pacífico y el altiplano central. Bajo la inspiración de su patrono, los talleres del No. 77 han promovido el perfeccionamiento moral, el cultivo de las ciencias y las artes, y el ejercicio de una ciudadanía comprometida con el bienestar colectivo. La logia permanece como custodio del patrimonio liberal y masónico del sur de México, manteniendo viva la llama simbólica que guió a Corzo en su lucha por la dignidad humana y la emancipación de Chiapas.

Gral. Ángel Albino Corzo

Ángel Albino Corzo Castillejos nació el 13 de septiembre de 1816 en la antigua ciudad de Chiapa, aquella noble y recoleta población colonial que la historia habría de honrar después con su nombre, y que constituía por entonces la cabecera más ilustre de la provincia chiapaneca. Desde sus años mozos, Corzo se distinguió por una vocación rectora y un temple singular, forjados al calor de las lecturas liberales que circulaban por las tertulias patrias y las logias del Sureste, donde se fraguaba el credo reformista que habría de transformar a México. A la convocatoria de la Revolución de Ayutla y a la promulgación del Plan que restauró el orden constitucional, sumó su pluma, su espada y su palabra, abrazando sin reservas los principios de la Constitución federal de 1857, aquel código de avanzada que reconoció derechos del hombre, garantías individuales, soberanía popular y un régimen de separación entre el poder civil y los fueros que habían oprimido a la República. En las Cámaras y en la tribuna pública, Corzo se convirtió en uno de los más denodados campeones de la carta magna, peregrino infatigable de su defensa frente a los embates del conservadurismo clerical y militar que pretendían sustituirla por una monarquía a la europea.
Cuando la tormenta de la Guerra de Tres Años se desató sobre la nación, y la bandera del Plan del Partido Libre de Reforma fue enarbolada contra los reaccionarios que, al grito de "Religión y Fueros", amenazaron con devolver al pueblo mexicano a las cadenas del antiguo régimen, Ángel Albino Corzo empuñó la espada en defensa de la soberanía nacional y del programa liberal. Su participación en las contiendas fratricidas que ensangrentaron al país le valió el reconocimiento de sus contemporáneos como uno de los más leales soldados de la causa constitucionalista, así como el respeto de los círculos liberales que veían en él a un continuador del ideario juarista. Derrotado el bando conservador en el campo de batalla, y consolidado el gobierno de Benito Juárez gracias a las Leyes de Reforma y a la victoria republicana, Corzo volvió los ojos hacia su tierra natal, donde las pasiones políticas y los resabios del clericalismo amenazaban con hacer nugatorios los principios alcanzados con tanto sacrificio, empeñándose en llevar a Chiapas el espíritu regenerador que había defendido en los debates nacionales y en los campos de batalla.
Pero la prueba más excelsa a que había de ser sometido el temple liberal de Corzo sobrevino con la intervención extranjera y el establecimiento del Segundo Imperio Mexicano. Cuando las tropas napoleónicas invadieron el suelo patrio y los conservadores, traidores a la República, ungieron a Maximiliano de Habsburgo como emperador en el Castillo de Chapultepec, Ángel Albino Corzo, desde las breñas y montañas de Chiapas, organizó la resistencia republicana, levantó en armas a los liberales chiapanecos, sostuvo comunicaciones secretas con el gobierno itinerante de Benito Juárez y rechazó con indignación toda invitación a reconocer al gobierno usurpador. Su fidelidad a la causa de la República durante aquellos años aciagos, en que la nación entera pareció desmoronarse ante el invasor europeo, fue tan acendrada y notoria, que el propio Juárez lo distinguió con el título de "Benemérito de Chiapas" y la posteridad lo veneraría como el "Juárez del Sureste", epítetos que resumen la fortaleza de un carácter forjado en el cumplimiento del deber y en la veneración a las instituciones libres. Tras el triunfo de Querétaro y la consolidación definitiva del orden republicano en 1867, Corzo continuó su servicio a Chiapas como gobernador constitucional, donde aplicó con mano firme el programa de la Reforma, desamortizó los bienes del clero, fundó escuelas, abrió caminos, impulsó la agricultura y dejó una huella indeleble en la geografía humana del estado, hasta su muerte acaecida el 15 de febrero de 1875, cuando la República perdía a uno de sus más conspicuos defensores y Chiapas al más esclarecido de sus hijos, cuya memoria perdura como ejemplo de civismo, lealtad republicana y amor a la Constitución.
Avenida Central Norte, Centro, CP 30450, Arriaga, Chiapas