Estudios Masónicos
Primer Grado • Aprendiz Masón

El V.I.T.R.I.O.L.

Volver a EstudiosCÁMARA DE INSTRUCCIÓN
Descubre el V.I.T.R.I.O.L. masónico: Visita el Interior de la Tierra y Rectificando hallarás la Piedra Oculta. Un viaje alquímico de autoreflexión hacia el perfeccionamiento interior del maestro.

El venerable acrónimo V.I.T.R.I.O.L., que los antiguos maestros de la química sagrada grababan en sus hornos y en sus libros, condensa en siete palabras la más alta lección que la simbólica de la Orden confía al espíritu del aprendiz: Visita el Interior de la Tierra y Rectificando encontrarás la Piedra Oculta. Esta sentencia, tomada del arte real de los alquimistas, no es una fórmula mineral ni un secreto de laboratorio, sino una invitación a emprender un viaje mucho más profundo que cualquier descenso a las galerías de la materia. El Templo, antes de ser una arquitectura de columnas y emblemas, es el propio pecho del iniciado, y allí donde moran las pasiones desordenadas, los juicios precipitados y los apegos que oscurecen la razón, se alza también la promesa de un hallazgo luminoso que sólo se concede al que se atreve a mirarse con verdad.

Rectificar es, en lengua de Masonería, la tarea cotidiana de purificar las propias intenciones, de someter el cuadrado de la voluntad al compás de la conciencia y de devolver a su justo lugar las fuerzas del alma que el hábito ha extraviado. El V.I.T.R.I.O.L. enseña que no basta con conocer los símbolos desde afuera, sino que es preciso convertirlos en obras, pues de poco sirve ostentar en labios las palabras sabiduría, fuerza y belleza si las pasiones internas siguen siendo toscas, opacas e indóciles. Así como el alquimista procuraba separar lo impuro de lo puro en la materia, el masón procura separar lo caduco de lo eterno en su carácter, y en esa operación paciente, repetida y silenciosa, se va dibujando la geometría interior sobre la cual se asentará, cuando llegue la hora, la piedra que los antiguos llamaron filosofal.

Mas la piedra oculta a la que alude el venerable acrónimo no es un mineral raro ni un tesoro escondido en las entrañas del mundo: es el hombre mismo, reencontrado, dignificado y armónico consigo y con sus hermanos. Encontrarla significa haber comprendido que la verdadera nobleza no se hereda ni se impone, sino que se conquista venciendo la ignorancia, domeñando el egoísmo y cultivando la virtud con la misma constancia con que el artífice pule la piedra bruta hasta volverla apta para el edificio común. Quien visita así el interior de su propia tierra, y quien rectifica sin tregua el temple de su espíritu, descubre al fin que la Piedra Oculta siempre estuvo en él, latiendo como una chispa inextinguible, esperando únicamente la hora en que la razón, la conciencia y la voluntad se unan para convertirla en el cimiento vivo de un hombre libre, justo y útil a la humanidad.